Operación Pañal 2


En el mes de Julio, con dos años casi recién cumplidos empezamos la odisea que nos ha llevado hasta la fecha. Tras una inversión en orinales, reductores, y cualquier complemento que pudiera servir para que se sentara, ya no que hiciera un pipí sino únicamente que se sentara, nos dimos cuenta de que no iba a servir de nada; que haría pipí cuando le diera la gana.

Al principio le hacía gracia sentarse, pero de hacer pipi nada de nada. De hecho cuando entendió el significado del orinal y lo que tenía que hacer decidió no volver a sentarse. Y realizar su micción cuando le apeteciera y si era posible después de haber intentado sentarla, para mayor frustración…

Tras iniciar chantajes, dejándole el móvil cuando estaba sentada, para que pudiera ver Clan, hacer yo pipí para que ella me viera, hablando con una amiga psicóloga, me dí cuenta de que la mayoría de las veces que se hacía pipí era cuando estaba dando de mamar…. Tachánnnnn!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ! “Fueron los celos… y no yo..:”

Desesperada por llevar un mes intentándolo, sin conseguir nada, y quien dice nada es nada, llamé a la psicóloga de la clínica, y me dió unas pautas “benditas”:

Nada de reñir, intentar ignorarla cuando se haga el pipi, procurad que ella sola se cambie las braguitas, si no se lo toma como un juego que pasara el mocho, y evitar ante todo darle el pecho a Claudia cuando más o menos le tocara hacer el pipí.., y que si se lo hacía no corriera a cambiarla, sino que la dejara un poco con el pipi hasta que ella lo dijera, y lo mismo con la caca… Y premiarle cada vez que lo consiguiera.
 
Me fui a una juguetería, compré un orinal, que me costó un ojo de la cara, pero que ha sido efectivísimo…. y de repente un día, el orinal empezó a cantar…” Lo conseguiste…” Mi suegra emocionada, super contenta… Blanca contentísima… Y nosotros confiados de que por fin lo habíamos conseguido… Estuvos unos días, que no pedía, pero que se dejaba sentar cada dos horas. Y cada vez que hacía un pipí, el orinal cantaba, y Blanca y yo empezábamos: “Bien, Bravo…” Y super contenta…Pero, ayyy… no iba a ser tan fácil, a los cuatro o cinco días… pam… de nuevo, el pipí.

 
 
Yo desesperada, después de estar una semana entera, con el pipí controlado, se había ido todo al garete.
 
La primera semana de agosto, estando en casa de mis padres, que habíamos ido a pasar el día con mis sobrinos, decide el de 8 años, llevársela al baño, y …. Sorpresa: hace pipi en el wc… Y desde ese día, empieza a pedir pipí, y a sentarse de nuevo…
 
Y así nos hemos tirado todo el mes de agosto, una de cal y una de arena… Todos los niños de nuestro alrededor controlando sus esfínteres, y la mía, por sus santos coj…, dando por saco… Por qué me ha tocado a mí????
 
A día de hoy, y tras haber agotado todos los chantajes existentes, materiales e inmateriales, apelando al más puro chantaje emocional…, censurándole el móvil, “parece” y digo lo “parece” porque el jueves nos vamos y probablemente se volverá a marear un poco, que lo hemos conseguido… Eso sí… El jueves y viernes pasado decidió hacérselos todos encima, y el sábado que íbamos por el mismo camino, su padre cogió y la sentó hasta que hizo el ánhelado pipí…
 
Por fín, pide pipí, no sólo en casa sino también fuera. Y hemos aprendido la técnica de mear en cualquier esquina…..
 
Aquí os dejo las adquisiciones:
 
Orinal Ikea:
 
 
Ya no usa orinal, sino que quiere su reductor:
 
 
De princesas y castillos, que le encanta… De hecho sólo quiere hacer pipí ahí…
 
Y la peor compra:
 
 
Este orinal: supuestamente era musical, pero nunca funcionó el dispositivo. Y el pipí se escapaba por debajo… Así que un horror de compra… Costó barato, pero salió caro.
 
Y os seguiré contando… Porque de momento no es capítulo cerrado…
 
¿Y vosotras, qué experiencias habéis vivido?
 
Nos vemos en la próxima entrada.

 


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